Autora: Diana Lavayen Madre de familia H.A. | Especialista en alfabetización y formación docente | Directora ejecutiva de Fundación ProEd
Como profesional de la educación, especializada en alfabetización, promoción de la lectura y formación docente, he tenido la oportunidad de comprobar a través de los años que los libros tienen un poder extraordinario: pueden transformar la manera en que los niños aprenden, piensan, sienten y se conectan con el mundo. Desde mi experiencia liderando iniciativas educativas desde Fundación ProEd y acompañando a docentes en procesos de innovación y mejora de la enseñanza, he visto cómo la lectura abre puertas hacia nuevos conocimientos, culturas y perspectivas. Pero ha sido también desde mi rol más importante, el de madre, donde he vivido de cerca la verdadera magia que ocurre cuando un niño descubre el placer de leer.
Desde que mi hija era pequeña establecimos una tradición familiar que se convirtió en uno de nuestros momentos favoritos del día: leer juntas antes de dormir. Cuando ella aún no leía, era yo quien daba vida a las historias a través de mi voz. Con el paso del tiempo, cuando comenzó a leer, nuestra rutina evolucionó y se transformó en un hermoso intercambio: nos turnamos para leer capítulos, descubrir personajes, imaginar escenarios y conversar sobre las historias que encontramos en los libros.
Esta experiencia me ha confirmado algo que siempre he defendido desde mi labor educativa: la lectura no es solamente una habilidad académica. La lectura es una puerta hacia la creatividad, la empatía, el pensamiento crítico y la comprensión del mundo. Uno de los grandes protagonistas de nuestro camino lector ha sido la colección de Harry Potter, de J.K. Rowling. Para mí fue una alegría enorme cuando nació su curiosidad por este universo mágico, pues fue una serie que también marcó mi propia historia como lectora durante mi adolescencia. Iniciamos esta aventura en primer grado con el primer libro y creamos una regla especial: primero leeríamos el libro y después veríamos la película.
Lo que descubrimos juntas fue maravilloso. Antes de ver cada película, mi hija ya había creado en su mente a los personajes, los escenarios y los detalles de la historia. Cuando finalmente veía la adaptación cinematográfica, no era simplemente una espectadora: era una lectora capaz de analizar y comparar. Comenzó a identificar diferencias entre el libro y la película, reconocer escenas que habían sido modificadas u omitidas, analizar las decisiones de los creadores y comprender que cada formato tiene una manera distinta de contar una historia.
Aquellas conversaciones nos llevaron mucho más allá de la trama: hablamos sobre creatividad, cine, decisiones narrativas, valores, personajes y sobre cómo una misma historia puede interpretarse desde diferentes perspectivas. Lo que comenzó como una rutina de lectura se convirtió en una experiencia de aprendizaje integral. Hoy, desde primer grado hasta cuarto grado, hemos avanzado libro a libro y la emoción continúa siendo la misma. Cada nueva historia nos trae conversaciones más profundas y acordes con su crecimiento.
A medida que los libros avanzan y los temas se vuelven más complejos, también crecen nuestras conversaciones sobre las decisiones de los personajes, los retos que enfrentan y los aprendizajes que podemos extraer de sus experiencias. Una parte muy especial de este camino ha sido leer la colección ilustrada de Harry Potter en inglés. Elegimos hacerlo en su idioma original porque considero que la literatura es una de las herramientas más poderosas para aprender una segunda lengua. Leer en inglés no solamente ayuda a practicar vocabulario y comprensión; también permite que los niños desarrollen confianza, familiaridad y una relación más natural con el idioma.
El inglés deja de ser únicamente una asignatura y se convierte en una herramienta para explorar historias, conectarse con otras culturas y ampliar su visión del mundo. Por eso me emocionó tanto conocer que la temática de la English Week de Howard Academy este año está inspirada en Harry Potter. Esta celebración representa una oportunidad maravillosa para vivir el idioma desde la imaginación, la creatividad y la conexión cultural. El aprendizaje de un idioma va mucho más allá de memorizar palabras. Un idioma es un puente que nos permite comunicarnos, comprender otras realidades y convertirnos en ciudadanos globales.
Aprovecho esta oportunidad para invitar a las familias y educadores a continuar cultivando el amor por la lectura. Sabemos que existen lecturas importantes dentro del currículo escolar, pero el universo literario es inmenso y lleno de posibilidades. Cuando permitimos que los niños encuentren historias que conectan con sus intereses, estamos formando lectores más motivados, curiosos y comprometidos.
En la escuela podemos crear espacios sencillos pero significativos: clubes de lectura, círculos literarios o incluso momentos diarios donde un docente lea un capítulo de un libro a sus estudiantes.
No importa la edad; escuchar una historia contada por un adulto significativo sigue teniendo un impacto enorme en el desarrollo del lenguaje, la imaginación y el vínculo con la lectura.
Como madre y educadora, he comprobado que un libro puede convertirse en mucho más que una historia: puede convertirse en una conversación, una experiencia compartida y un recuerdo que permanece para siempre. Gracias, Howard Academy, por ser un espacio donde nuestros estudiantes pueden aprender, descubrir y disfrutar el proceso de aprender. Que esta English Week nos recuerde que, al igual que en las mejores historias de magia, el verdadero poder está en las herramientas que utilizamos para transformar el mundo: en este caso, las palabras. Disfrutemos la magia de leer.
